martes, 8 de octubre de 2013

Peregrinación a la Catedral de Segovia y Misa con el Obispo D. Ángel

HOMILÍA SÁBADO 5 DE JUNIO DE 2013 S.I.C. DE SEGOVIA

La fe que la Palabra de Dios suscita se alimenta y crece en el encuentro de la gracia con el Señor resucitado que se produce en los sacramentos. La fe se expresa en el rito y el rito refuerza y fortalece la fe. Por esto, la fe ha de ser celebrada en la liturgia y ha de llevarnos a la oración. La fe de la Iglesia es esencialmente una fe eucarística y se alimenta de manera particular en la mesa de la Eucaristía: «Este es el misterio de nuestra fe». La fe y los sacramentos son dos aspectos complementarios de la vida eclesial.

Por este motivo, Benedicto XVI desea que el Año de la Fe sea «una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia y de manera particular en la Eucaristía».


Convendría que  este deseo del Papa se hiciese más real en nuestras parroquias. Esto pide un esfuerzo para conocer la importancia del domingo, «día del Señor», y de la Eucaristía dominical epicentro de nuestro programa Pastoral, la vida de fe peligra cuando no se establece y no se vive el deseo de participar en la celebración de la Eucaristía, en la cual se hace memoria de la victoria pascual. Participar en la asamblea litúrgica dominical juntamente con todos los hermanos y hermanas, con los cuales se forma un solo cuerpo en Jesucristo, es algo que la conciencia cristiana reclama y que al mismo tiempo la forma. Hemos de participar en la Eucaristía para alabar y glorificar a Dios, para darle gracias por los dones de su amor misericordioso, para alimentar nuestra fe, esperanza y caridad con la Palabra de Dios y con la comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo, para que podamos llevar una vida de amor a Dios y a los hermanos. Hemos de valorar la Eucaristía y hemos de participar en ella activamente, como lo han hecho los cristianos desde los inicios de la Iglesia.

Los contenidos de nuestra fe han de llevarnos a la oración, a una relación interpersonal con Jesucristo, y la plegaria personal y familiar nos ayudará a valorar y a saborear la celebración comunitaria de la fe, en especial la celebración dominical de la Eucaristía.

En este Año de la Fe hemos de hacer un esfuerzo en las catequesis, en la formación de los catequistas, en la preparación cuidadosa de los encuentros con los que reciben la catequesis, en la participación de los padres para ayudarle su iniciación cristiana, y habrá que intensificar la costumbre de que las catequesis comiencen con la plegaria para que los conocimientos de la fe contribuyan a una mayor identificación de cada uno con Jesucristo. Es muy aconsejable, con motivo de las sesiones        catequesis, pasar por la iglesia para hacer allí una oración, a ser posible en la capilla del Santísimo Sacramento.

Hay que trabajar mucho cofradías y hermandades para ofrecer un acontecimiento más enriquecido de la fe y para posibilitar que sus miembros, con una mayor educación de la fe participen en las celebraciones litúrgicas y en las manifestaciones de la piedad popular en beneficio de su vida cristiana y de un buen testimonio de la fe.

Señor auméntanos la fe. 

Toma parte en los duros trabajos del evangelio según la fuerza de Dios.
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